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ACADEMICOS EN ACCION

Si queremos que el mundo mejore, necesitamos escuelas que aprendan…


Esto es lo que Peter Senge señala en su obra “Escuelas que aprenden”, la idea de una escuela que aprende se refiere a que esta puede rehacerse y renovarse, no con base en reglamentos o decretos sino que el personal que en ella labora exprese sus aspiraciones, tome conciencia y desarrolle de manera conjunta sus capacidades. Es decir que reconozcan intereses comunes y aprendan unos de otros.

Lo anterior es de suma importancia ya que nos permite hacer conciencia acerca de que aún en nuestros días existen escuelas que sólo “entrenan” a los alumnos para obedecer y seguir reglas, esta forma de instrucción escolar NO los prepara bien para el mundo actual.

Debido a la equivocada formación académica de muchos individuos, estos, una vez insertos dentro del campo laboral en el cual se ven obligados a desempeñarse con autonomía, deben súbitamente cuestionar situaciones diversas, sacar conclusiones propias y correr un gran riesgo de fracasar pues durante su instrucción escolar no les enseñaron estas destrezas que son indispensables en su vida personal y profesional. Riesgo grande si tomamos en cuenta que de ello depende el éxito al cual aspira todo ser humano.

Existen cinco disciplinas del aprendizaje que los miembros de toda institución educativa deben practicar, ya que son muy efectivas para hacer frente a los problemas y presiones que se encuentran hoy en la práctica educativa. Disciplinas que les permitirán a los educandos lograr el éxito deseado.

Dominio personal: Ésta es la práctica de crear una imagen coherente de su visión personal, el resultado que anhela obtener en la vida junto con una evaluación objetiva de la actual realidad de su existencia. Esto produce una especie de tensión interior que, si se cultiva, puede ampliar su capacidad de tomar mejores decisiones para de tal modo alcanzar los resultados esperados.

Visión compartida: Esta disciplina fija un propósito común. Quienes tienen un propósito común aprenden a alimentar un sentido de compromiso en un grupo u organización, desarrollando imágenes compartidas del futuro que buscan crear guías con el fin de alcanzar metas planteadas.

Modelos mentales: Esta disciplina de reflexión e investigación se enfoca en desarrollar conciencia de actitudes y percepciones, las de uno mismo y las de sus compañeros. Trabajar con modelos mentales también puede ayudar a definir más clara y honradamente la realidad corriente.

Aprendizaje en equipo: Con técnicas como el diálogo y la discusión grupos pequeños de personas aprenden a movilizar sus energías para alcanzar metas comunes y a desarrollar una inteligencia y una capacidad mayores que la suma de los talentos individuales de sus miembros.

Pensar en sistemas: En esta disciplina se aprende a entender mejor la interdependencia y el cambio, y por lo tanto a hacer frente con más eficiencia a las fuerzas que dan forma a las consecuencias de nuestros actos. Técnicas tales como diagrama de flujo, arquetipos de sistemas, laboratorios de aprendizaje y simulaciones ayudan al estudiante a entender mejor las materias que estudia.



Para que haya éxito en la enseñanza de las cinco disciplinas del aprendizaje es primordial saber quiénes son los participantes involucrados en su instrucción, es decir debemos saber quiénes deben participar en la creación de una escuela que aprende.

Existen tres sistemas que se entrelazan, todos arraigados en la vida diaria, todos interdependientes y con recíproca influencia, estos sistemas son: el salón de clases, la escuela y la comunidad. En cualquier esfuerzo por fomentar escuelas que aprenden, los cambios sólo surtirán efecto si se llevan a cabo en los tres niveles.

Se ha dicho que la institución educativa es el producto de cómo piensan y cómo actúan sus miembros, es decir que la manera de trabajar de las organizaciones se debe a las maneras de trabajar de la gente. Cualquier dificultad que se suscite en las aulas no es provocada por los reglamentos o por las políticas, es decir dichas dificultades son provocadas por los modelos mentales y el tipo de relaciones que existan en todos los integrantes de la comunidad educativa.

Para poder realizar un cambio encaminado a la mejora del sistema escolar lo primero que debemos hacer es observar cómo piensan y cómo actúan los individuos colectivamente. De otra manera, si primero se alteran las reglas las nuevas políticas y estructuras se esfumarían y la institución, después de un tiempo, volvería a sus viejos hábitos.

Senge también señala que el educador debe tener muy claro que no sólo enseña una materia sino que la enseña a estudiantes y por lo tanto debe tomar en cuenta que el aprendiz (alumno), construye lo que aprende desde sus propias experiencias, emociones, voluntad, aptitudes, creencias, principios, conciencia, propósitos y demás. De tal forma, si está aprendiendo en una clase, lo que entienda está determinado tanto por la manera como entiende las cosas, quién es y qué sabe ya, como por la materia que se expone y cómo y quién la expone.

“Los buenos maestros ponen al estudiante en comunión viva con la materia que enseñan –dice Parker Palmer-, y también lo ponen en comunión consigo mismo y con sus discípulo”. ¿Eres buen maestro?

Se dice que la visión mueve el aprendizaje. Si analizamos lo que los alumnos dicen encontramos que los niños de preescolar tienen muy claro lo que serán “cuando sean grandes”; en cambio los mayores se quejan de que el trabajo escolar no tiene aplicación en la vida diaria y en su futuro. Dicen que afuera de la escuela aprenden más. Lo que los alumnos no pueden comunicar en palabras lo expresan a menudo en actos de rebelión o mala conducta. ¿Tu que crees?

Para concluir, si los directivos y los maestros se concentran en la administración del tiempo en el aula, en la puntualidad, en la asistencia y en las mejoras de los resultados de las pruebas entonces sí es posible que los alumnos mejoren notablemente.

Mejorar los resultados numéricos y mantener espacios seguros para el aprendizaje son metas legítimas pero no pueden reemplazar el poder de una visión más amplia, personal y compartida como fuerza motriz el mejoramiento de las escuelas.


Lic. Alba E. Lucero Munguia, MAD

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